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ALGO HUELE EN MARBELLA SEGUNDA PARTE

August 13th, 2007 by Angela

Y así disfrutamos de nuestro primer desayuno en Lima, poco me faltó para pedir otra ración de tamal pero no quise abusar. Ya habría otros desayunos. Por lo pronto teníamos tiempo para recoger nuestras cosas, cepillarnos los dientes y salir rumbo a nuestro primer día de trabajo en el Puericultorio Pérez Araníbar. El viaje a Perú había empezado muy bien, al comida que probaríamos en los días sucesivos fueron tan exquisitas como la primera y ni que decir de los descubrimientos que hicimos en materia de postres, dignos de un capítulo aparte. Ya en el camino hacia el puericultorio comentábamos lo amable que resultaba ser la gente de ese país en sus trato, cuando se dirigían a nosotros nos hacían sentir como si nos conociesen de toda la vida, interesándose por nuestra ubicación y nuestra comodidad. Y no me refiero solamente al trato del mozo del restaurante del hotel sino a la gente en general, por ejemplo en el taxi que contratamos luego del desayuno confirmamos esto. El conductor entabló diálogo con nosotros, nos comentó que su hijo se encontraba trabajando en España hacía cinco años, que sólo se comunicaban por teléfono una vez al mes, pero que le iba bien. También nos puso en antecedentes respecto a nuestro futuro centro de labores contándonos que esa institución había estado abandonada por el Estado durante un muy buen tiempo pero que de un tiempo a esta parte se había invertido en su mejora. Nosotros éramos la prueba viviente de ello ya que trabajaríamos allí merced a un convenio bilateral entre nuestro país y el gobierno peruano. Le comentamos a nuestro chofer de turno que precisamente nuestra misión consistía en hacer un diagnóstico integral de la infraestructura del centro de menores así como la promoción en el área de imagen institucional. El nos deseó suerte indicándonos que hacíamos una loable labor y que esperaba que la situación de abandono de los menores mejorara en su país. Entre la amena conversación nos dimos cuenta que el taxi estacionaba porque ya habíamos llegado a nuestro destino, le cancelamos el monto por sus servicios y cuando nos disponíamos a bajar del auto, el chofer nos hizo entrega de una tarjeta personal ofreciéndose a llevarnos y traernos del trabajo todos los días además de llevarnos a cualquier lugar de la capital. Aceptamos gustosos y enrumbamos hacia nuestro destino.

 

            Ya en la puerta de control la brisa del mar se percibía, puesto que el puericultorio se encontraba en las laderas de la costa del Pacífico, sin embargo no era una brisa marina normal. Dejaríamos ese asunto para después, por lo pronto nos identificamos y fuimos bien recibidos por las autoridades del centro educativo que nos indicaron por donde quedarían nuestras oficinas. Al ir avanzando por el corredor que nos llevaría hasta el pabellón donde nos emplazaríamos el olor de la extraña brisa marina ganaba en intensidad, poco después tendría la oportunidad de descifrar el misterio. Lo que también advertí conforme avanzábamos fueron los estragos que había hecho la brisa marina en las rejas y barrotes que remataban las puertas y las ventanas de todos los pabellones. Estos accesorios de hierro habían sido carcomidos durante años por la inclemente brisa marina, habían perdido su color blanco típico y ahora eran estáticos leprosos de tonalidades naranjas. Otra cosa que nos llamó la tención fue lo bien cuidados que se encontraban los jardines exteriores del recinto con el césped bien recortado y las plantas ornamentales en la justa medida adornando cada corredor de los paseos entre los pabellones. Y así, con ese contraste, ingresamos al que sería “nuestro” pabellón. Se nos asignó un asistente, llamado Víctor, que nos actualizaría en la situación económica e infraestructural del puericultorio. Rápidamente nos fuimos dando cuenta que gran parte del desarrollo del centro de menores había tenido lugar tan sólo hacía unos años atrás gracias a los convenios con la empresa privada, pero algo seguía oliendo mal, no me refiero a las cuentas, sino a esa extraña brisa, y no pude más, y esa misma tarde interrogué a Víctor al respecto, “acompáñame” me dijo y entonces lo vi.

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