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ALGO HUELE EN MARBELLA TERCERA PARTE

August 27th, 2007 by Angela

En efecto, Víctor tarde o temprano nos lo iba a informar según él. El hecho es que dejando lo que estábamos haciendo, lo acompañamos. Cruzamos el portal que nos separaba del pasadizo del pabellón donde nos encontrábamos y caminamos derecho en busca del agujero de luz que nos señalaba la ubicación de uno de los patios exteriores del Puericultorio. Ya en el patio vimos que nos quedaban aproximadamente un par de horas de luz a lo más, la hora había avanzado rápido y probablemente ya era hora de ir concluyendo nuestras labores aquel día. Sin embargo no podíamos irnos de allí sin desenmarañar el misterioso olor. Y caminamos unos ciento cincuenta metros hasta los confines del centro educativo. A partir de ahí arrancaba un terreno mal cuidado y con u poco de mala hierba salpicada por sectores. Ya en el terreno aquel sólo cincuenta metros nos separarían del acantilado que daba a las costas del mar del distrito de Magdalena. Fuimos bajando la marcha conforme nos acercábamos al acantilado y el olor empezó a arreciar. Corría un fuerte viento a aquellas horas en el distrito y la humedad era muy latente en nuestras narices, el frío calaba los huesos y eso que nos encontrábamos a media estación. Ráfagas feroces de viento nos golpeaban sin cesar aglobando nuestras finas prendas de algodón. Con las manos en los bolsillos llegamos hasta los bordes del acantilado y entonces apreció ante nosotros la causa del problema.

 

            No hizo falta que Víctor pronunciara palabra alguna, era bastante claro. Sin embargo se apuró en decirnos que hasta esas playas llegaba el llamado Colector Marbella, uno de los “afluentes” del Pacífico pero que por desgracia traía consigo la materia fecal de gran parte de la ciudad de Lima. Cuando afinamos la vista, efectivamente pudimos darnos cuenta de la gran mancha marrón que arrancaba en la orilla y ganaba bastantes metros mar adentro. Era el acumulado que se contrastaba con el azul oscuro del mar y que emanaba ese terrible olor a materia fecal pero que, mezclado con la brisa del mar y la sensación de humedad de la zona, formaba un olor raro que nos e llegaba a precisar. Y justamente en las faldas del acantilado de un centro educativo de menores abandonados. Indudablemente que el mayor problema era la contaminación y un agravante podían ser las aves que revoloteaban por la zona ya que con poca o mucha intención, podían transportar las coniformes hasta las instalaciones donde los niños serían muy vulnerables a todo tipo de enfermedades e infecciones.

 

            Sin poder aguantar un segundo más, ya que, la tromba de aire que ascendía directamente por el acantilado, y se colaba directamente por nuestras narices, dimos media vuelta y nos alejamos rápidamente de la zona. Obviamente este sería un punto fundamental en nuestros informes. Lo difícil iba a ser darle solución a ese problema de carácter estructural. O se movía el Puericultorio Pérez Araníbar en pleno o aquel colector era clausurado o cuando menos desviado. Era ya un tema de fondo. Los pocos minutos que restaban de ese día los terminamos poniendo en orden nuestros apuntes y primeras impresiones de nuestra visita. Pero ese olor nos acompañaría en la mente aún ahora cuando ya dejamos Lima, cómo solucionar tamaño problema. Pero por otra parte recordamos con cariño al pueblo peruano y su sonrisa siempre dispuesta y cómo no su magnífica gastronomía.

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