DE LA TIMIDEZ A LA DESNUDEZ
September 19th, 2007 by
Angela
Nunca fui aficionada a la playa. Tumbarme al sol nunca fue mi mayor afición. Es más, cuando era pequeña, bueno, cuando era adolescente, y mis amigas empezaron a ir en grupito a la playa, empezó mi calvario. Exhibirme en traje de baño no era precisamente mi pasatiempo favorito y conseguir el bronceado perfecto no me importaba en lo más mínimo. Pasaron los años y mi trauma con el cuerpo continuó, persistió mi odió por el sol y las olas, y la arena, fuera del color que fuera, me siguió dando exactamente igual.
Ninguna balneario me pareció nunca espectacular, a pesar de los recorridos por balnearios maravillosos y playas cuyos atardeceres son dignos de recordar, nunca me apetecía escoger un destino digamos “playero” a la hora de viajar. Yo prefería el campo, el río, no desvestirse mucho, no mostrar mucho el cuerpo, la verdad que soy un poco tímida. Otra cosa que me disgustaba de la playa es que nunca me lograba relajar. La cantidad de gente, se me pone la piel de gallina de solo pensarlo. Los balnearios siempre parecen hormigueros. Algunas veces llevaba un libro y nunca fui capaz siquiera de empezar a leerlo, y es que la multitud de gente me entorpecía el razonamiento, la compresión, todo.
Cuando Carlos me dijo que viajaríamos a Costa del Sol mi cara de desagrado fue evidente. No solo me disgustó que no me consultara siquiera que me provocaba hacer a mí durante esas vacaciones, sino que el hecho de que escogiera nuevamente una playa como destino de nuestro viaje me pareció poco considerado de su parte. Decidí hacerme a la loca y ver que pasaba, finalmente sabía que en Marbella habían museos y galerías y en caso no quisiera estar tumbada disfrutando como todos del sol, la arena y el mar, pues bien podría yo dar un paseo por cualquier lado.
Nos hospedamos en un lindisimo hotel en lo que se denomina el Casco Antiguo, nos atendieron como reyes, por las mañanas siempre zumo fresco de frutas y bizcochos recién horneados, siempre junto con una cálida sonrisa de los anfitriones. El mar azulísimo del mar mediterráneo me dejo embelesada desde el primer instante, fue casi como descubrir el mar por primera vez o algo así. Parece que yo tenía una especie de trauma con el mar que nunca había enfrentado, pero ver de pronto esas aguas azules tan calmas y esa arena me hizo querer correr hacia ellas, nadar y tumbarme como nunca antes.
Los chicos del hotel me recomendaron
la Playa Artola, una playa nudista, yo solo me reí cuando me la recomendaron, y negué con la cabeza como que no les estuviera haciendo caso, y decidí caminar a la playa más cercana, pero la idea quedo resonando en mi cabeza. Le comente a Carlos que quería ir y aunque le sonó disparatado en un principio, me dijo que me acompañaba con gusto, aunque ciertamente no comprendía como pasé de la timidez a
la desnudez. Lo cierto es que en Playa Artola me sentí liberada. Gordos, flacos, chatos, altos, tetonas, sin tetas, potonas y sin el, todos calatos y contentos y de lo mas naturales. La pase genial y ese día fue inolvidable.
Anímese, a lo mejor usted también se desnuda y se descubre nuevo y diferente como nunca antes se imaginó¼/p>
Posted in Uncategorized |
