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ENCANTAMIENTO EN MARBELLA SEGUNDA PARTE

September 4th, 2007 by editor

Así es, la segunda fémina que se cruzó tenía una mirada profunda, ojos color miel perfectamente custodiados por arcos súper ciliares, su rostro era total y absolutamente simétrico, sus cabellos castaños pero dorados por el sol presentaban unas iluminaciones especiales que seguían la ruta de sus rizos, formando una frondosa pero iluminada cabellera. La piel a la altura de sus hombros casi reflejaba los rayos solares que ya descendían en intensidad y contrastaban maravillosamente con el sujetador blanco, casi transparente que se afanaba en la tarea para el que fue diseñado. Un abdomen plano y curvas elegantemente pronunciadas a la altura de sus caderas completaban su majestuosa presencia, sus feromonas hicieron el resto del trabajo. Y ahí quedé como un idiota, contemplando como la celestial figura se alejaba rumbo a su auto. Cuando llegó a la altura de este abrió lentamente la puerta y cruzamos una mirada que duró bastante rato haciéndome volver a sentir ese cosquilleo abdominal de los tiempos de la escuela. Maldije a Derek por no estar presente para efectuar el abordaje respectivo pero maldije aun más mi timidez, la misma que después de tantos años no había terminado de sacudir. Algunos avances había hecho, ya podía sostener una mirada pero no había dado el gran salto aún, el de trabajar solo, aun en desventaja numérica como en este caso lo fue.

Mi costumbre durante mi viaje a Marbella era regresar caminando, me gustaba dar paseos por el malecón cuando el sol había cedido su fuerza y ver las casas teñidas de naranja preparándose para recibir la noche que también prometía lo suyo. Así lo hice no sin antes quedar sembrado en mi posición unos instantes hasta que el auto de la diosa se alejaba lentamente por la pista. Caminando llegué hasta las puertas de mi hotel y coincidí justamente con mi amigo Derek que también llegaba en ese momento con un par de bolsas producto de sus compras clásicas. Le recriminé su actitud y le dije que nos habíamos perdido de conocer dos guapísimas chicas en el malecón de la playa. Mi amigo, difuso como siempre, simplemente se encogió de hombros y siguió su camino en gesto autosuficiente. Yo hice lo propio y olvidé el encuentro. Ya en la noche nos dispusimos a salir a dar un paseo por la ciudad, ubicamos un excelente restaurante a solo cinco minutos del hotel y decidimos cenar algo ligero antes de tomar acción en alguna discoteca de la zona. Nos dieron aproximadamente las once de la noche entre conversiones y comida, era tarde y decidimos seguir con el plan. Seguimos nuestra ruta a pie y dimos con una discoteca en la que la gente pugnaba por ingresar, sería por algo, así que decidimos probar suerte en ese lugar.

La larga fila nos desanimaba por momentos, no avanzaba y cuando lo hacía no presentaba fluidez alguna, el ingreso era más que restringido y veíamos como algunos eran deportados en la misma puerta de ingreso. Cuando estaba distraído en esas imágenes, escuché un grito desde la parte posterior de la fila que reclamaba a Derek, giramos la cabeza para ver de quién se trataba y para nuestra sorpresa, mejor dicho para mi sorpresa se trataba de una de las mujeres que esa misma tarde había visto en la playa, llegó hasta nuestra posición y saludó, efusivamente diría yo, a Derek, ella se presentó sola ante la distraída actitud de mi amigo, yo hice lo propio y le pregunté si había llegado sola y si pensaba ingresar. Me dijo que no, que su amiga estaba estacionando el auto y que en seguida se uniría ella para ingresar. Mientras tanto la fila no progresaba. En esos momentos doblando la esquina por donde terminaba la fila apreció una figura conocida y deseada por mí, se trataba de la deidad que había cruzado por mi camino esa misma tarde. Ahora vestía unos jeans blancos ajustados y su torso era apenas cubierto por una escotada blusa de seda negra, sus hermosos cabellos rizados remataban su exquisita figura y al llegar a mi altura me miró fijamente, yo no sé de donde saqué fuerzas pero sostuve la mirada y la saludé como si la conociera, ella se presentó como Manuela y para nuestra sorpresa era socia de la discoteca a la que pretendíamos ingresar. No tuvimos que hacer fila e ingresamos sin contratiempos, el viaje empezaba a ponerse interesante y aquella fue una noche inolvidable para mí.

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